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Aunque resulte increíble, seguimos estancados en la edad media mientras sigamos permitiendo que existan las terapias de reconversión para homosexuales. O seminarios religiosos en los que creen saber todo acerca de la homosexualidad “esa terrible enfermedad”. Sentir vergüenza ajena por este tipo de cosas no es suficiente e incluso el presidente de los Estados Unidos es consciente de ello, por eso ha pedido que cesen las terapias de reconversión y piensa trabajar para que así sea.

Todo esto tiene su origen tras el suicidio de un joven transexual de 17 años, Leelah Alcorn, a quien sus padres obligaron a someterse a una terapia de reconversión. Aunque no debe hacer falta la muerte de inocentes para tomar cartas en el asunto, ya iba siendo hora de que cesen estas atroces prácticas. El presidente Obama que ha sido galardonado recientemente por la IGLTA, se ha volcado con este tema y pretende lograr su propósito le pese a quien le pese.

Las pruebas científicas ya han demostrado con creces que las terapias de reconversión no son efectivas ni adecuadas, ya que ni son éticas ni resultan eficaces desde un punto médico, ni son necesarias desde un punto objetivo. La homosexualidad no es una enfermedad, la enfermedad la padecen aquellos que se encierran en unas creencias que ni ellos mismos han desarrollado.

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