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Las parejas gays (de varones) que desean ser padres tienen solamente dos opciones: recurrir a la adopción o apostar por la maternidad subrogada. La primera ofrece a los futuros padres la posibilidad de experimentar la paternidad y crear una familia. La segunda añade el factor biológico a la relación con el niño.

Pero el aumento de parejas de varones homosexuales que están apostando por la maternidad subrogada no se debe solo al peso de la genética, sino a las dificultades que los gays que solicitan la adopción encuentran en el proceso, mayores que las que habitualmente presenta un procedimiento ya de por sí complicado para todos los candidatos.

¿En qué consiste la maternidad subrogada?

La maternidad subrogada o gestación por sustitución -popularmente conocido como vientre de alquiler- es una técnica de reproducción asistida en la que una mujer gesta un embrión para otras personas, sin tener ningún vínculo genético ni personal con ellas, que serán legalmente -y en la mayoría de los casos, biológicamente- los padres del niño.

Pueden darse varios casos. En el caso de los óvulos, que estos sean de la propia gestante o bien que estos provengan de una donante. En el caso de los espermatozoides, lo normal es que pertenezcan a uno de los padres y no a un donante desconocido. La concepción se llevará a cabo, dependiendo de las circunstancias, mediante inseminación artificial o fecundación in vitro.

Respecto a cuál de los padres será el que tenga relación biológica con el niño, se trata de una decisión personal que deben tomar entre los miembros de la pareja. A veces está clara desde el principio, pero otras surgen desavenencias. Una de las soluciones más habituales es dejar la elección a la madre naturaleza: se seleccionan los mejores espermatozoides de cada uno de los miembros de la pareja y se realiza la inseminación con ellos. Será también decisión suya si desean realizar una prueba genética después para saber quién es el padre biológico.

La maternidad subrogada exige llevar a cabo un acuerdo o contrato previo en el que se establece que la mujer decide libremente llevar a cabo la gestación y se deja constancia del compromiso de entregar el bebé nacido a los miembros de la pareja solicitante, que serán legalmente los progenitores desde el momento del nacimiento.

Pero la gestación subrogada tampoco se caracteriza por su facilidad para llevarla a cabo. Para empezar, este procedimiento es ilegal en España. En segundo lugar, para poder llevarlo a la práctica en otros países se necesita una economía bastante saneada. Aunque no hay una cifra concreta, los precios van desde los 12.000 euros que puede costar en India o los 60.000 de México hasta la amplia horquilla de los Estados Unidos, donde puede ir de los 120.000 y 220.000 euros.

Dificultades legales

Lo peor es que los obstáculos no son solo económicos. En torno a la maternidad subrogada existe una variedad de respuestas legislativas que van desde la legalidad total o la permisión de forma altruista pero no con contrapartida económica hasta la prohibición o la ambigüedad, el vacío legal. Un maremágnum jurídico que al final sólo favorece las irregularidades, la paternidad a base de chequera y las casos judiciales abiertos.

La cosa se complica cuando los dos padres son del mismo sexo y, más concretamente, cuando los dos son hombres. Incluso en Estados Unidos son muy pocos los estados que permiten la expedición de un certificado de nacimiento en el que figuren como progenitores dos varones. Frente a eso las opciones que quedan son la de registrar al niño con el único nombre del padre biológico, como padre soltero, o bien hacerlo junto al nombre de la madre gestante.

En España, como decíamos arriba, se trata de un procedimiento ilegal. A pesar de ello, 1.400 parejas españolas fueron padres a través de esta práctica en 2014, ya que la ley permite la inscripción en el Registro Civil siempre que la técnica se haya llevado a cabo en un país en el que esté regulada, uno de los padres sea español y que exista una resolución judicial al respecto.

Existen cada vez más agencias encargadas del asesoramiento a las parejas homosexuales sobre las opciones de contratar los servicios de un vientre de alquiler en distintos países del mundo. Por ejemplo, las condiciones para llevar a cabo un procedimiento de maternidad subrogada en la India se han vuelto más conservadores en los últimos años, hasta el punto de que hoy en día es casi imposible para una pareja del mismo sexo la subrogación.

De hecho, el único país donde se reconoce la filiación de los dos padres mediante sentencia judicial es Estados Unidos. En el resto de los países los niños tendrán que ser registrados como hijos de uno de los progenitores y de la madre gestante y, una vez en España, el otro miembro de la pareja podrá comenzar los trámites de adopción del bebé.

Fuente: La Cigüeña

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